viernes, 22 de mayo de 2026

Anotaciones en mi diario

  ANOTACIONES EN MI DIARIO.

Estas son las últimas anotaciones en mi diario, en las que cuento qué pasó y con qué personas, aunque en ocasiones la persona soy yo.


9 enero - 2026

Me he encontrado a M.ª José en el médico. Ya no me conocía, ya no se acordaba de mí, ni de la escuela mía, ni de la suya, ni de aquellos años que pasamos juntos, y en los que tantas cosas me enseñó. Yo aún me acuerdo de ella, es una persona que siempre tendré presente y de la que nunca podré olvidarme. Si me olvido de ella será porque ya no me acuerdo de nada.


15 enero - 2026

He estado viendo fotografías de mis viajes y he sentido una enorme tristeza. Sentía que algo se me escapaba, y se me escapaba para siempre. Yo me veía allí con mis ilusiones, mis ilusiones de ver y de conocer el pasado y el legado de otros hombres. Ya no creo que me encuentre con el pasado de nadie. Ni siquiera con el mío, porque mi pasado ya pasó.


17 enero – 2026.

He estado escuchando canciones de cuando yo era jovencito, de mis dieciséis, diecisiete y dieciocho años. Y esa música me transportó a un tiempo perdido, a un tiempo que pasó lleno de anhelos, ilusiones y proyectos. Todo se perdió, se perdió en el tiempo y no queda nada. Solo queda una gran soledad en el alma.


18 enero - 2026

Vuelvo a escuchar canciones, canciones que desbordaban mi alma. Eran ilusiones por venir, y yo las veía venir por allí, por el sendero del Soto, entre los árboles, o por el jardín de San Antonio, por donde jugaba con Inmaculada, o por cualquier parte, aunque no importaba por donde venían, lo importante era,…. que venían. Ahora a mis años no viene ninguna. Todas se van, se alejan, ya están muy lejos, ya no las puedo ni tocar, pero aún queda un humo, una estela, un recuerdo que ya casi no es ni recuerdo.


20 enero - 2026

Voy con Aymara al Centro Médico. Estamos esperando y pasa la neuróloga que la vio en enero pasado.

Ella le pregunta que tal está. Aymara me mira, la mira a ella y dice:

- No sé quien es usted, no la conozco. No la he visto nunca. No la conozco.

Aymara me miró con una mirada especial. Era una mirada interrogadora, con esperanza, con tristeza, buscando apoyo. Sentí una gran pena al verla así. Iba perdiendo su vida, y yo lo iba viendo. Dentro de un poco de tiempo ¿se acordará de su nieto Oliver? ¿Cuándo dejará de acordarse de su nieta Isabella? ¿Qué valor tiene el recuerdo? Si ya no recordamos ¿qué nos queda? Ahora mi vida es un recuerdo de cosas que me pasaron y de personas con las que estuve. Si se van esos recuerdos ¿qué quedará?


25 enero - 2026

Tengo muchos años. Siento que la muerte está muy cerca, pero curiosamente, no me genera miedo. De ella no me llega un grito desde la oscuridad, sino más bien un susurro que me invita a soltar el poco equipaje que tengo.

Miro mis manos y lo que tengo en ellas. Mis manos no están vacías. Están bastante llenas de trabajo, esfuerzo y dedicación a los demás: a mi familia y a otros.

Ahora encuentro pleno sentido a la frase: “Toma lo que se te ofrece cada día por sencillo que sea y ponle amor” Ya solo puedo disfrutar de las cosas sencillas, de las cosas simples: el sabor del café por la mañana, la cara de cualquiera de mis nietas cuando me miran y me sonríen, la cara de Aymara cuando le digo lo rico que está el pescado. Cualquiera de estas cosas no son una banalidad, ni una rutina. Ni tampoco momentos de aburrimiento. Son despedidas dulces, momentos de una belleza especial que solo se tienen cuando se aprecia y se disfruta de la esencia de las cosas.

Ya no le pido nada al futuro. Ya solo vivo el presente y disfruto con recuerdos de mi pasado. Con aquellos recuerdos de momentos en que fui completamente feliz, en que toqué la felicidad.

No sé qué hay tras el umbral, pero estoy listo para cruzarlo como quien vuelve a casa después de un viaje muy largo: cansado, pero con la paz de haberlo recorrido todo.



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