Los
padres también cambiaron. Cuando llegué a la escuela, los alumnos
mayores, de más de 10 años faltaban mucho a la escuela para ir a
cuidar las vacas, para ayudar en el huerto, o cosas por el estilo. Yo
hablaba con los padres diciéndoles que procurasen que sus hijos no
faltasen a la escuela, que la escuela y los estudios eran de las
cosas mejores que podían ofrecer a sus hijos. Poco a poco los niños
faltaban menos y llegó un momento en que prácticamente no faltaban
nunca.
Siempre
procuré tener muy buenas relaciones con los padres (casi siempre
solo me relacionaba con las madres), y si tenía que tratar algo con
ellos, les llamaba a la escuela, o iba a su casa a la hora de comer.
No recuerdo haber tenido problemas con los padres.
El
hombre que va con el carro era Isabelo, el padre de Isabel y Mariano.
Durante unos años fue el Juez de Paz del pueblo. Era un hombre muy
amable, muy cercano y muy cariñoso con los niños. Varias veces
habló conmigo de como se vivía en el pueblo cuando él era niño;
que faltaba mucho a la escuela pues tenía que llevar la comida a los
pastores y se quedaba algunos días cuidando el ganado, pero que se
llevaba el libro y allí en el campo leía y seguía aprendiendo.
Esas personas que solo tenían dificultades para estudiar y saber
más, y ellos ponían todo de su parte para ir en contra del destino,
siempre han tenido toda mi admiración y respeto.
Hubo
una persona de la que tengo un especial recuerdo: Candidín. Al poco
de llegar los niños me dijeron que si podía hablar con Candidín,
un chico que ya había salido de la escuela. Dije que sí. En el
recreo se me presenta un joven más grande y más alto que yo. Era
Candidín. Me quedé asombrado pues, por el nombre, imaginaba a un
chico más bien flacucho y pequeño. Fue a decirme que si podía
darle el Certificado de Escolaridad (un certificado en el que se
decía que había ido habitualmente a la escuela) para trabajar en
una fábrica de alpargatas, metiendo las alpargatas en la caja.
Pregunté al alcalde y a los chicos mayores si había ido a la
escuela y como me dijeron que sí, hice ese certificado. No podía
dejar a nadie sin la posibilidad de trabajar por no hacer un papel.
Siempre que me encontré con él en Ávila o en cualquier sitio, me
saludaba muy efusivamente. Un día me dijeron que había muerto. Si
en el más allá se juega al futbol, o a tirarse bolas de nieve, él
estará en primera fila. Cuando estaba aquí, en el pueblo, venía a
jugar con los chicos de la escuela. Todos le aceptaban. Era un niño
grande, un niño enorme.

También
recuerdo a tía Rosa, la abuela de José Antonio y Yoli, pero
que no era tía de nadie. Lo que ocurría es que a casi todas las
personas mayores se les llamaba tía o tío: tía Rosa, tío Martín,
etc, es una costumbre que había en casi todos los pueblos de Ávila,
e imagino que también se daría en todo el mundo rural español.
Tía Rosa era
una señora
muy amable y muy simpática. Siempre que nos encontrábamos nos
saludábamos y hablábamos de esas cosas intrascendentes de las que
hablan las personas habitualmente. Esta foto se la hice porque
imaginé que saldría una foto bonita y además sería como un
testimonio de las tareas que hacia la gente de
esa
época en el campo.
Mientras
se tomaba el sol se pelaban o se desgranaban las judías. Las judías
estaban secándose al sol, y cuando estaban bien secas se sacaban
las semillas. Esto lo hacían sobre todo las personas mayores y
mientras lo hacían hablaban ¿de qué hablaban? Pues dándose las
noticias principales del pueblo, luego de sus hijos y de
sus
nietos y luego imagino que hablaban mal del gobierno, pero en sus
charlas lo arreglaban todo, y supongo que el viento llevaría sus
palabras hasta las personas del gobierno y en un pis – pas quedaría
todo arreglado.
Y
quiero
que esta
mención de tía Rosa sirva también de recuerdo para las madres de
todos los niños y niñas que vinieron a la escuela, y con las que
tanto hablé de sus hijos: Marce, Isabel, Gloria, Martina,
Ita,
Nones, Carmela, Teresa,
Julia,
Dolores, Favi,
Diosdi,
Gabi, Guadalupe, Cecilia,…
y todas las
demás,
cuya cara recuerdo perfectamente, pero cuyo nombre se me ha olvidado.
Después
de unos
años el número de niños disminuyó, se cerró una escuela y yo me
quedé con todos los niños y niñas desde 1º a 8º, en total unos
16
alumnos.
En
esta foto están todos o casi todos.
Arriba:
Yoli (al fondo a la izqda). Oscar (un niño que vino solo una
temporada pues su padre trabajaba en el tendido eléctrico), Juan
Manuel, Carlos, Emilianín, Héctor, Moncho.
Abajo:
David, Javi, Angelito, Alfonso, Raúl, Rocío, Fernando, M.ª José,
Yoli. Carlos y Emilianín eran los mayores. Fernando el más
pequeño.
Yo
creo que cuando me quedé con todos los alumnos, los exámenes de
los mayores en Ávila terminaron, y si no fue ese año fue al
siguiente y eso supuso una alegría para mí porque suponía el final
de algo totalmente injusto para los niños que vivían en los
pueblos.
En
esta época conocí a M.ª José Hervás, la maestra de Pradosegar,
una mujer de la que aprendí muchísimo y de rebote hizo que mis
alumnos también aprendiesen más.
Una
tarde a la semana nos reuníamos en Padiernos los maestros de
Pradosegar, Amavida, Balbarda, La Hija, Mengamuñoz y Robledillo.
Eran los pueblos en los que solo había un maestro con todos los
niños, y nos reuníamos para ayudarnos en nuestro trabajo. ¡Y ya lo
creo que nos ayudamos! ¡Por lo menos a mí me ayudaron muchísimo!
Recuerdo que un día vi en la escuela de Pradosegar un plano del
pueblo que estaban haciendo los niños.
Yo
me quedé alucinado al ver lo que hacían y me dije: Si los niños de
Pradosegar son capaces de hacer este plano de su pueblo, los niños
de la Hija también son capaces de hacer el plano del suyo; el
problema está en que el maestro de la Hija no sabe cómo hacer esto
con los niños. M.ª José Hervás me enseño con todo el cariño y
entusiasmo del mundo, y los niños de la Hija hicieron un plano de su
pueblo tan bien hecho y con tanta precisión, que hasta el alcalde
nos pidió una copia para tenerla en el ayuntamiento.
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Recuerdo
que en aquel plano pusieron las luces que había en la calle y
también señalaron los lugares que no estaban bien iluminados de las
calles del pueblo. Para decidir que lugares no estaban bien
iluminados se les ocurrió que si ponían una moneda en el suelo, y
otro chico que no sabía donde estaba, no la veía, era que estaba
mal iluminado. Todo este trabajo lo hicieron los chicos por la noche;
ellos solos se organizaron. Todo mi trabajo como
maestro residía en buscar situaciones de aprendizaje en las que
tuvieran que pensar, organizar ideas y trabajar solos. Uno de mis
objetivos era que “aprendiesen a aprender”.
El
niño más pequeño de la escuela, Héctor, también participaba en
hacer el plano (sujetando la cuerda para medir distancias) y cuando
miraba el plano decía que no se veían las ventanas, las puertas, ni
la chimenea de las casas. Era muy gracioso ver su carita y sus
expresiones. Otros chicos mayores intentaban explicarle que el
plano estaba dibujado como si se viese desde el aire, pero a él no
le entraba eso en la cabeza, su razonamiento era que desde la
terraza de su casa, que estaba en alto, se veían las puertas, las
ventanas y la chimenea de las casas. Era un niño que tenía muchas
ocurrencias, aún me acuerdo de lo simpático que era y las preguntas
y observaciones que hacía.
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Y
a partir de ese momento empezamos a estudiar cosas de la realidad.
Muchos días salíamos a estudiar algo,
solo estábamos fuera de la escuela el rato que tardábamos en ir, en
volver y en observar y anotar lo que estabais estudiando. Para mí,
conseguir que hicieseis esto y que lo hicieses bien fue
importantísimo. Todas mis aspiraciones como docente, como maestro,
se vieron realizadas.
Poco
a poco aprendí a planificar el trabajo de esta nueva manera de
intentar estudiar de la realidad. Esto me permitió que en Ciencias
Sociales, Ciencias Naturales, Plástica y en gran parte de Lengua,
todos los niños trabajasen un mismo tema, pero con una profundidad
diferente. Esto exigía una gran preparación del trabajo por parte
del maestro, pero para eso, para ayudarnos entre varios, nos
reuníamos una tarde a la semana en Padiernos, los maestros de
Robledillo, Mengamuñoz, Pradosegar, Amavida, Balbarda y la La Hija
de Dios. Lo único que seguíamos dando según la edad de los alumnos
eran las matemáticas.
Proponíamos
un tema en el que tuviesen cabida los contenidos que eran
obligatorios y que eran los marcados por el Ministerio de Educación.
Se lo presentábamos a los alumnos y ellos iban sugiriendo aspectos a
estudiar (lógicamente los maestros aceptábamos o no esas
propuestas). Con esto los alumnos iban aprendiendo a planificar, a
ver las relaciones entre unos aspectos y otros, a pensar qué podía
ser relevante, a considerar las propuestas de los compañeros, etc.
En definitiva, estaban aprendiendo a aprender. Todo lo que habían
trabajado y aprendido lo iban plasmando por escrito, haciendo su
libro personal. Mi hijo Moncho conservó esos “libros” durante
bastantes años.
Uno
de los temas que aún recuerdo era estudiar el rio del pueblo: ¿dónde
nace?, ¿dónde termina?, ¿es igual por todas partes? ¿para qué se
utiliza el rio? ¿hay las mismas plantas por todos los sitios? Y más
cuestiones que ya he olvidado.
Otros
temas que aún recuerdo fueron: ¿Cómo mover las piedras para hacer
las casas cuando no había grúas? ¿Cómo se vivía en la época de
los castillos? ¿Por qué en unos lugares crecen un tipo de plantas y
en otros lugares del mismo pueblo crecen otras? ¿Cómo se organiza
el pueblo? ¿Qué compramos y vendemos en el pueblo? ¿a quién?
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En
todo esto nos ayudó muchísimo el que el Ministerio de Educación
enviara a la escuela un video y un televisor en color. El video
permitió ver y estudiar todo el cuerpo humano, muchos aspectos de
geografía, de historia, etc. El video permitía volver a ver
aquellos aspectos que parecían más relevantes, parar el visionado
para tomar notas, etc.
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Además
fue el primer televisor en color, o uno de los primeros, que hubo en
el pueblo. Varias personas me dijeron que si podían venir a la
escuela por la tarde – noche para ver el video de la boda de una
hija o un video familiar. Mi respuesta siempre fue que sí. Uno de
los alumnos mayores venía con la llave, abría, ponía el video y
todos tan contentos por poder verlo.
Pero
también servía para otra cosa; Jose, un alumno que hacía prácticas
en la escuela, trajo para el día del cumpleaños de alguno de los
niños una película en video de la Guerra de las Galaxias. Los niños
se quedaron alucinados. Desde aquel día, cuando era el cumpleaños
de cualquiera de la escuela, yo llevaba una película para verla por
la tarde. A la película se añadían patatas fritas, palomitas,
chuches y algún refresco de bebida.
Aunque
teníamos el video y el televisor, siempre que podíamos íbamos a
ver las cosas en realidad, ya que además de aprender, las salidas os
gustaban mucho y eran momentos de una gran diversión y alegría.
Nunca olvidé que eráis niños.
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Hicimos
varios “viajes de estudio” conjuntamente con los alumnos de los
pueblitos Robledillo, Pradosegar, Amavida, Mengamuñoz y Balbarda.
Entre todos se llenaba a duras penas un autocar, pero lo importante
es que se podía salir, y los cada vez más escasos alumnos de La
Hija, os podíais relacionar con otros alumnos de vuestra edad. Y he
puesto “viajes de estudio” porque ibais a estudiar. No era una
excursión tradicional en que se visita algo y un profesor o un guía
explica algo, no era así. Vosotros teníais que observar, anotar,
hacer puestas en común, según un plan que previamente habían
elaborado los profes. Era algo que se llamaba “escuela activa”,
“aprendizaje en acción”, “estudiar de la realidad”,
“aprender a aprender” y cosas por el estilo. Este tipo de
aprendizaje se inició sobre el 1900, y sobre los años 1980 – 1990
se puso de “moda” otra vez. Luego se volvió a olvidar y ahora,
en 2023, se está empezando a redescubrir.

Otra
cosa que nos dio el Ministerio de Educación fue un ordenador para
cada una de las escuelitas que he mencionado antes. Los programas
educativos para el ordenador os ayudaron mucho para trabajar a
vuestro ritmo y ayudaros en lo que teníais más dificultades.
Recuerdo un programa de lectura que hacía una valoración previa del
nivel de lectura, y luego ajustaba el programa al nivel de cada uno.
Para
los más pequeños había programas magníficos. Héctor no sabía
todavía leer, y trabajaba con el ordenador haciendo series de
figuras, de colores, etc. todos ejercicios para su edad. Y cuando los
hacía bien salía un payaso que aplaudía y decía ¡Bravo! Él se
ponía tan contento y algunos mayores decían: ¡Jo, qué morro! ¡Él
viene a jugar y nosotros a trabajar! Yo intentaba explicar que ese
era su trabajo, pero no se barría bien la escuela y crecía pelusa
por algunos sitios.
Esta
colaboración entre escuelas y esta metodología se fue conociendo
por diversos lugares de España y de Europa. Aquí vino gente de
otras provincias y de otros países como Francia, Suiza e Inglaterra
para ver y hablar de estas escuelas, con la finalidad de hacer algo
parecido en las zonas rurales de sus países.
Yo
conté por escrito experiencias de aprendizaje vuestras, de cómo
aprendíais conceptos de Ciencias Naturales, qué dificultades
teníais y como se resolvían esas dificultades. Solo escribí sobre
dos experiencias. Por una de ellas me concedieron el Primer Premio
Nacional de Innovación Educativa y por la otra el Primer Premio
Nacional de Investigación Educativa. Estos dos premios son un
reconocimiento a vuestro trabajo, fue deciros: ¡No lo hacéis nada
mal!
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La
escuela se moría. Cada vez erais menos. De las últimas cosas que
recuerdo una de ellas fue el paseo que nos dimos en junio por dentro
del rio. Ya
lo había hecho antes, y como a todos les gustó tanto, quise
repetirlo con los últimos que estabais en la escuela. A vosotros
también os gustó muchísimo. Y aquí pongo esa foto que hice hace
muchos años de esa “verguera” cortada. (miro en el ordenador y
veo la definición de esta palabra “verguera”: Nombre
que se da al sauce en
algunas zonas de la provincia de Ávila en España).
Es una foto que me parece muy bonita y que
solo la asocio con el rio de La Hija de Dios.
Esta
foto es una diapositiva y alguna vez os la enseñé
y uno de vosotros me dijo que parecía que la verguera estaba echando
sangre.
En
los últimos años de estar abierta la escuela el Ministerio de
Educación mandaba mucho dinero para material. Había libros de Texto
de muchas editoriales y de casi todos o todos los cursos y no me
suena que los alumnos tuviesen que comprar libros. También había
una biblioteca de cuentos y libros de lectura, clasificados por
edades. Había casi doscientos libros y esos los leíais en casa.
Había material escolar de todo tipo: para matemáticas, para
lectura, para ciencias sociales, para naturales, para todo. Lo único
que faltaba eran niños.
Una
de las últimas cosas que recuerdo es cuando fuimos a por ramos para
tenerlos almacenados y poder encender la estufa en invierno. Ya me
habíais enseñado que los ramos se cortaban muy bien cuando tenían
flores. Y en esa época me fui varios días por la tarde, cuando
terminaba la escuela, con los seis que quedabais y los traíamos
arrastrándolos con una cuerda. La polvareda era muy grande y eso era
muy divertido.
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A
finales de curso vino un inspector y me dijo que cerraban la escuela,
que hiciese un inventario y se lo entregase al secretario de las
escuelas de Solosancho. Cuando todos mis papeles estaban ya para mi
destino en Ávila, me enteré de que no cerraban la escuela. Todavía
estuvo abierta dos años más.
Y
así se cierra un capítulo importante no, importantísimo en mi vida
personal y profesional. De todo lo que aprendí aquí, con vosotros y
de vosotros, se beneficiaron todos los niños a los que di clase en
Ávila durante otros quince años.
Este
libro lo he escrito para mi, para disfrutar con mis recuerdos y
también lo he escrito para vosotros, para:
Forete
– Jesús Galán – Manolo – José Antonio – Josete – Jesús
(de Marce) – Tomás – Adolfo – Luisito – Jesús (de Carmela)
– José Luis (Cachirulo) – Julito – José Luis (Parri) – Juan
Carlos – Andrés – Juli (hermano de Parri) – Carlos (hermano de
Luisito) – Rosi (hermana de Luisito y Carlos) - Angelines (hermana
de Forete) – Angelines (hermana de Elena, Azucena,…) - Carlos (mi
hijo) – Emilianín – Juanjo – Samuelín – Carlos (de la
Nones)- Lourdes – Sagrario – Charito – Rosi – Tere – Elena
– Angelines – Azucena – Carmen – Fernando – Angelines
(hermana de Julito) – Nieves (hermana de Jose Luis) - Raul –
Alfonso – Héctor (hermano de Forete) - Loli (hermana de Juan
Carlos) – Yoli (hermana de Jose Antonio) – Rocío – Javi
(hermano de Luisito) – Nieves – Yoli (hermana de Loli y de Nieves
) - Angelines (sin hermanos) – David – Moncho (mi hijo) –
Angelito – Maria José – Fernando - Oscar – Javi (de Teresita)
– Laura – Toño – Jesús (hermano de Javi) – Héctor.
Y
a todos ellos, a todos, incluso a los que se me han olvidado, si es
que se me ha olvidado alguien, ¡¡¡gracias!!!, gracias por haber
podido disfrutar de lo mejor de vuestras vidas, por haber podido
disfrutar de vuestra infancia.
Y estos son los últimos alumnos con los que disfruté en mi escuela, en La Escuela de la Hija de Dios.
Javi - Laura - Fernando - Jesús - Toño y Héctor