Recuerdos: LOS
CINES
Tuve
la inmensa suerte de vivir la época dorada de las salas de cine.
Desde que era niño (en 1954 tenía 8 años) hasta que tuve algo más de 20 años ir al cine
los domingos, y luego también los sábados, era algo obligado. En
Ávila había muchos cines: el Cinema, el Teatro Principal, el
Lagasca y el Gredos eran los cines oficiales, los cines de verdad,
los cines a los que iban las personas mayores y los niños con ellos.

Teatro Principal

Cine Lagasca
Luego estaban los
cines a los que íbamos sobre todo niños, y que pertenecían a
alguna parroquia o institución religiosa: el de San Antonio, el de
la Santa y la Juven. Un poco más tarde se abrió el Tomás Luís de
Victoria.
¡Cómo me gustaba ir al cine! ¡El cine era el mundo de la fantasía,
de los sueños, de la ilusión! ¡En el cine todo era posible! ¡La
magia del cine! Cuando se apagaba la luz y empezaba la proyección,
el mundo estaba allí. Las películas en las que salía el león, las
de la Metro, tenían como un aliciente más: el león. A mi tía
Isabel también le gustaba mucho el león.
Durante
toda la semana no prestaba atención a las películas que echaban
¿para qué? jamás iba al cine entre semana. Pero los domingos por
la mañana había que mirar las carteleras del Mercado Grande para
saber que película echaban en cada cine. Si alguna nos gustaba mucho
ya no había más que mirar; sino íbamos a la Juven y a San Antonio,
a ver cual era la que había allí.
¡Qué
emocionante era ver las carteleras! ¡Allí ya empezabas a imaginar
que tal iba a estar la película! Cada tipo de película tenía su
aliciente. Las del Oeste podían estar bien, aunque eran un poco
pesadas pues sólo había tiros al final. Las de piratas y aventuras
solían ser muy chulis. De espadas había de dos clases: las de
espadas con armaduras y escudos y las de los espadachines tipo los
tres mosqueteros; las dos podían estar bien, pero solían ser más
bonitas las primeras. Las de indios, sobre todo si se veían muchos
indios en las carteleras, eran muy entretenidas. Las de risa:
Charlot, Jaimito y el Gordo y el Flaco eran muy divertidas, les
pasaban unas cosas graciosísimas y se daban unos golpes tremendos,
pero no les pasaba nada. Pero mis favoritas eran las de animales, las
de cacerías por África; esas no me las perdía por nada del mundo
para poder ver los animales; era casi lo único que me interesaba.
Entonces no había documentales de animales; el primero que vi fue el
Desierto Viviente; vi dos veces esa película. Nunca más la he
vuelto a ver.
Aún
recuerdo algunas de las películas que vi en cada uno de los cines.
Psicosis en el cine Lagasca, y esa fue la primera película que vi
para mayores de 16 años cuando aún no los había cumplido y entré
gracias al resguardo del carné de identidad que me dejó un
compañero del cole.

La de Robín de los Bosques y Las minas del rey
Salomón en el Cinema, y que fueron de las películas más bonitas
que he visto.
Ivanhoe en el Teatro Principal. Las de Tarzán las
solía ver en el cine Gredos.
Donde más vi de aventuras de indios,
como Tambores lejanos, Flecha rota, Lanza rota, El último mohicano,
etc. fue en la Juven.
Cuando
me empezaron a gustar las chicas el cine todavía tenía más
aliciente, pues al de ver la película se añadía el de ver a la
chica que te gustaba. Al cine Gredos iba una niña que me gustaba
mucho y que vivía en la parte de atrás de la plaza de abastos; a la
salida me iba detrás de ella hasta que se metía en su casa. Jamás
supe como se llamaba. ¡Amores de niño!


De
los cines a los que iba de niño ya sólo queda el Tomás Luís de
Victoria, todos los demás han desaparecido. De todos ellos guardo un
gratísimo recuerdo, pero especialmente me acuerdo de la Juven, el
cine de Don Jesús, el cine de Acción Católica. Todas las películas
eran en blanco y negro, excepto dos al año que eran en color. Yo
creo que las películas de la Juven eran las que más me gustaban
porque eran las que más estaban pensadas para niños, aunque en los
otros cines las de las 5, que era la hora a la que yo iba, también
eran para niños.

¡El
cine, el mundo del cine! Era viajar a mundos exóticos, mundos que he
procurado visitar de mayor. Quizá el mundo árabe me guste tanto por
aquellas imágenes que se me quedaron grabadas de El ladrón de
Bagdad, Tres lanceros bengalíes, La Carga de la Brigada Ligera, las
Cuatro Plumas, Kim de la India, Simbad el Marino… películas que yo
miraba con ojos de asombro y que me parecían que transcurrían en un
mundo de ensueño. ¡Qué bonito era viajar con la imaginación!
Cuando terminaba la película los niños hablábamos sobre ella y
fantaseábamos con lo que allí ocurría. Repetíamos una y otra vez
lo que más nos había gustado.
¡Qué
gratísimos recuerdos guardo del cine! ¡Cómo he disfrutado y
disfruto con él!